Duele despedirse de algo que nunca has tenido y. sin embargo, has hecho tan tuyo... Cuesta pensar que vas a alejar de tu pequeño desierto lo único que te acompañaba a sabiendas de que, una vez que lo hayas hecho, sólo permaneceréis tú y tu soledad para observar cómo las lágrimas queman la hiriete arena.

  Y una vez más será la soledad tu consuelo, que si lloras a escondidas, al menos, conservarás algo de fuerza para continuar fingiendo.

  Y seguirás vaciando el vaso que, hasta ahora, sostenías siempre a la mitad... aunque fuera sólo por ahogar en él tu rabia...

  Y duele despedirse... pero aún más duele decir adiós....